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Aroa y Alejandro se pelean en el primer capítulo de ‘Curso del 63’

Ni piercings, ni pelos largos, ni camisas desabrochadas. Hasta los tangas están prohibidos en esta escuela y sus prefectos no quieren ni oír hablar de maquillaje ni de todas aquellas modernidades que durante la década de los sesenta ni siquiera existían. Así que las bragas, de cuello alto. Estas son las duras normas del Instituto San Severo, aunque parecen no haber gustado mucho a sus nuevos alumnos. Diez chicos y diez chicas de toda España que el pasado martes probaron el jarabe de palo de los años sesenta. Para algunos demasiado amargo, tanto como para abandonar el programa nada más entrar por negarse a que le cortaran su brillante y rizada cabellera.

Vídeo: repasa los mejores momentos del primer capítulo de Curso del 63

Pues bien, entre los llantos de las chicas en la peluquería y los gallos de los chicos ante la austeridad de sus profesores, las clases han dado comienzo en el Instituto San Severo. Y la verdad es que el primer capítulo de esta crónica de los sesenta ha dado mucho de qué hablar. Desde infantiles rebotes por el menú, repleto de potajes y sopas no muy apetecibles, hasta gamberradas nocturnas que han sido castigadas, como no podía ser de otra manera, con severidad. Y es que en este colegio pagan justos por pecadores. Y si uno de ellos no puede dormir y para curar el insomnio no se pone a leer sino a echar ventosidades por la parte trasera para explotarlas con un mechero, otro de los objetos prohibidos, por su cara bonita están todos castigados. O haciendo flexiones o limpiando habitaciones, que uno no sabría elegir cuál de las dos reprimendas es mejor.

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Y si parecía que alguno de los profesores podía salvarse, como el de música, los alumnos se equivocaban. Y es que cualquier comentario obsceno, insulto o referente a “tetas, culo, caca, pis” está más que vetado en todas las clases de Curso del 63.

Durante el capítulo inicial del Instituto San Severo también ha tenido cabida la primera bronca entre alumnos. Mientras los chicos limpiaban el suelo de su cuarto, arrodillados y “en pompeta” según Aroa, la chica entraba en su habitación y les advertía de la presencia de Alejandro, un alumno gay del colegio. Para rematar, la madrileña le faltaba al respeto al son de “maricón de mierda”, algo que evidentemente no le hizo ni pizca de gracia al alumno. Aunque para enfado el de Carmen, quizá una de las alumnas más cani y con más mala leche del colegio, que ya ha amenazado con pegar a su profesora si esta insiste en quitarle su piercing. Habrá que esperar al siguiente capítulo para ver cómo acaba esta guerra.

Imagen: laguiatv.com

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